Parece evidente que la crisis económica comienza a erosionar al PSOE, sin que la alternativa del PP acabe de perfilarse.
No. Sinceramente creo que el PP es una alternativa sólida. Un partido que se sitúa por encima del 40% en la intención de voto es una alternativa sólida.
Sin el caso Gürtel, ¿el PP estaría más puntos por encima del PSOE o el PP está un punto por encima del PSOE porque el caso Gürtel no influye en la intención de voto?
Es difícil saberlo, es muy difícil saberlo… Pero es evidente que el caso Gürtel al PP no nos beneficia. Y de la misma manera que le digo eso, le digo: vamos a ver cómo termina el caso Gürtel, vamos a verlo… Mi posición en este asunto es muy clara: si se demuestra que hay personas que han hecho cosas que no se deben hacer, no seguirán en sus responsabilidades. A su vez yo debo afirmar la presunción de inocencia, que me parece algo fundamental en un sistema democrático. Y, desde luego, rechazo tajantemente los juicios paralelos.
El PP se enfrenta hoy a tres situaciones problemáticas: los trajes presuntamente regalados al presidente de la Comunidad Valenciana; los supuestos casos de espionaje político en la Comunidad de Madrid, y el suplicatorio del Tribunal Supremo para investigar al senador Luis Bárcenas, tesorero del partido, por presunto enriquecimiento ilícito.
Vamos a ver, en el caso del señor Luis Bárcenas yo he escuchado a todo el mundo y he intentado reflexionar, huyendo de la ansiedad, sabiendo que debo ser muy consecuente con mis actos. Oiga, es muy duro para una persona que afirma y cree en su inocencia tener que dejar su cargo. En su momento yo ya dije que las cosas las íbamos a hacer bien, salvaguardando la presunción de inocencia y los intereses generales del partido.
Da la impresión de que usted seguirá respaldando a Francisco Camps, aun en el supuesto de que el presidente de la Generalitat valenciana se vea obligado a sentarse en el banquillo.
Mire, yo he apoyado a Camps desde el principio. He repasado esta mañana una entrevista con su diario de hace unos meses (8 de marzo del 2009) y tengo que decir sobre el señor Camps lo mismo que les dije entonces: confío en él, confío en la justicia y confío en que este asunto acabe pronto. Y le digo más: nadie en su sano juicio puede pensar que el presidente de una institución tan importante como la Generalitat valenciana se va a dejar corromper por unos trajes. Yo le diría que esto es un tema para dar una conferencia.
Intento dibujarle un cuadro sociológico.
Este un tema muy importante. Creo que la crisis económica ha puesto de manifiesto también una crisis de valores. No es lo mismo un empresario que se deja la vida en la empresa, que va innovando, que cada vez quiere tener más trabajadores, que otro que pretende hacerse rico con un pelotazo o especulando, o por supuesto el que roba, cosa que está absolutamente fuera de toda discusión. Es verdad que en España en los últimos tiempos hemos vivido un poco por encima de nuestras posibilidades. Volver a principios como el trabajo bien hecho, el esfuerzo, el mérito, la proporción, la justicia, es muy importante. Sí, creo que también estamos en España ante una crisis de principios.
El diálogo social se ha roto con cierta estridencia. Una de las fotos de final de curso sería la siguiente: "El PSOE, partido de los sindicatos; el PP, partido de la patronal CEOE".
En absoluto. Esta foto es falsa, probablemente por un maniqueísmo ya muy rancio. Al PP y al PSOE les votaron en las últimas elecciones más de veinte millones de personas de muy distinto rango y condición. El diálogo social se ha roto por culpa del señor Rodríguez Zapatero, porque ha establecido tantas líneas rojas en la negociación que ha hecho imposible el acuerdo. Zapatero quería un acuerdito que consistía en prorrogar el periodo de percepción del seguro de desempleo, con un estipendio de cuatrocientos y pico euros al mes, y ofrecer a los empresarios una bajada mínima de las cuotas de la Seguridad Social. Zapatero no quería hablar de lo que hay que hablar: de los modelos de contratación, del absentismo laboral, de las pensiones del futuro, de las categorías profesionales… Es decir, de los asuntos que exigen reformas estructurales.
¿Usted cree que en estos momentos la gente percibe con claridad cuál es la propuesta económica del Partido Popular?
Sí. Y se la puedo resumir en cuatro prioridades. Primera, que en España vuelva el crédito. Segunda, austeridad en las administraciones públicas; por tanto, lucha contra el déficit y la deuda pública. Tercera prioridad, una reforma fiscal que ayude a las pequeñas y medianas empresas. Y cuarta: reformas estructurales.
Acaba de cerrarse un acuerdo para la financiación de las autonomías. El PP ha hecho tres cosas: ha criticado duramente el método; ha cogido el dinero en aquellas autonomías donde gobierna, y ha excitado, de nuevo, los viejos prejuicios anticatalanes de la sociedad española, esta vez con el pie en el freno, sobre todo usted. ¿Hemos pasado del monolitismo aznariano a una mayor variedad de registros? ¿El PP comienza a ser uno y varios a la vez?
No es fácil responder a lo que usted me plantea. En primer lugar porque la mejor manera de mejorar la financiación de las autonomías es atajar la crisis económica. La destrucción del tejido productivo es tremenda y está provocando una caída brutal de la recaudación de los ingresos del Estado. Insisto, la financiación autonómica va a bajar; sí, va a bajar. Y no sabemos cuál es la realidad que se oculta tras el baile de cifras. Alguien ha dicho que los números de este modelo bailan demasiado como para no sospechar, sobre todo teniendo en cuenta el historial del señor Rodríguez Zapatero en materia de promesas incumplidas.
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